Domingo 5 de Septiembre de 2010
 
  Historia de la Celulosa y el Papel: 

El precursor del papel fue sin lugar a dudas el papiro; el cual ya se producía en Egipto en el año 2400 A.C.. Este se obtenía a partir del descortezado de las gruesas fibras de la planta de papiro, luego se entrecruzaba las mismas sobre una superficie lisa y dura, donde se las prensaba hasta formar una hoja.

El año 105 de nuestra era marca el comienzo de la civilización del papel.  Fue cuando Tsai Lu, ministro de la dinastía Hang, en China, desarrolla una fórmula para su elaboración a partir de las fibras del bambú.  Hacia el siglo VII, por iniciativa de Taiku, rey de Corea, se perfecciona el sistema de producción chino y se logra el papel utilizando como materia prima trapos viejos tejidos con algodón o con lino.  En el siglo VIII los árabes, durante la captura de la ciudad de Samarkanda aprendieron de los chinos el arte de fabricarlo. Los árabes introdujeron mejoras en éste arte; la más importante fue la sustitución de las fibras de lino por fibras de madera. Como consecuencia de la conquista de la península ibérica, por los moros es que el conocimiento del producto llega al mundo occidental. Los moros españoles a fines del siglo XI tenían una fábrica en Toledo y otra, la más importante, en Valencia. Una de las mayores mejoras atribuidas a los moros ibéricos fue utilización de molinos de agua para accionar los elementos trituradores.

Luego de ser introducida en España, la técnica de producción de papel se difundió a Francia; la cual instaló su primera planta a fines del siglo XII. Luego se difundió por los Países Bajos. A estos últimos pertenece el honor de haber inventado la pila batidora, la cual actualmente se la conoce como "pila holandesa" a mediados del siglo XVIII.

 

 

El gran salto surgirá de la observación hecha por un físico francés, René Reamur, en los comienzos del siglo XVIII sobre el comportamiento de las avispas, a partir de lo cual nació la posibilidad de producir papel con fibra de madera.  En 1799 Louis Robert inventa la máquina continua, que introdujo un gran adelanto, ya que permirio la confección de papeles de longitudes de 12 a 15 metros. Robert le vendió su patente a St. Leger Didot, dueño de una fabrica francesa. Didot, buscando la capitalización de la patente en Inglaterra, entro en contacto con Henry y Sealy Fourdrinier, dos prosperos  comerciantes de papel, de Londres, quienes vieron con simpatía la idea de la máquina de Papel. Ellos emplearon a un hábil y competente ingeniero, Bryan Donkin, y, después de mucho experimentar y gastar dinero, lanzaron e instalaron, en 1804, una máquina de papel verdaderamente práctica. El invento de la máquina fourdrinier fue, sin duda, el mayor acontecimiento individual en la historia de la fabricación del papel. Sin él, no hubiera habido oportunidades para el desarrollo de la maquinaria y de la técnica distintivas de los siglos XIX y XX. En 1809 la máquina de cilindros fue originalmente perfeccionada en Inglaterra por John Dickinson, en Hertfordshire. Este sistema también ha sufrido desarrollos y modificaciones y, debido a la naturaleza compacta de la cuba del formador, se han podido combinar con éxito unidades múltiples en  máquina diseñadas para la manufactura de papeles y cartulinas multicapas. Aunque la máquina de cilindros es capaz de elaborar algunas cartulinas para los cuales no se puede emplear la máquina fourdrinier, está limitada en su velocidad de operación y, en consecuencia, nunca ha alcanzado la popularidad y el uso tan extendido de la máquina fourdrinier.

Hacia la mitad del siglo XIX se desarrolla en escala de producción económica la técnica para fabricar pasta mecánica de madera, descubriéndose  también el proceso aún vigente para elaborar pasta química.  Con el cartón corrugado en 1903 comienza una nueva época par los métodos de embalaje y despacho de mercaderías, y hacia la década de los '30, la producción de pastas kraft incorpora nuevas calidades que modifican las estructuras productivas en orden a un aprovechamiento más intenso de las pastas de madera.

 

 

   

 

La constante incorporación de técnicas abre nuevos campos en la utilización del producto, abarcando áreas insospechadas del quehacer humano, generando nuevas creaciones y aportando al mejoramiento de la calidad de vida.  Ya el papel no es sólo el sustento de la creación literaria, científica o artística; tiene que ver con la presentación de nuevos productos, la conservación de alimentos frescos, la higiene y la salud, convirtiéndose en auxiliar indispensable para las nuevas expresiones de la informática.  El consumo crece sostenidamente en un mundo donde a los tradicionales productores del hemisferio norte se les hace cada vez más difícil acceder a la materia prima básica, el árbol.  Es por ello que los continentes meridionales como el americano, con suelos de extraordinaria feracidad forestal, se han convertido en los escenarios más dotados para el futuro desarrollo de la industria.  En tal sentido, el dilatado territorio argentino ofrece excepcional potencialidad.

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